sábado, 10 de enero de 2009

Artículo No. 7 Guerra Sucia vs Guerra Limpia

Una de las razones por las cuales me decidí a inciar este blog, fueron los escritos de Don Salvador Borrego, al cual pienso dedicarle varias entradas.
A continuación, me gustaría compartir con ustedes un texto de este gran periodista e historiador mejicano (al cual de declaro toda mi admiración y mis rezos para que Dios le siga conservando con vida, salud y la energía que sigue mostrando para muchos años mas)
Sin mas preanbulos, he aquí uno de los frutos del pensamiento de este mejicano ejemplar.

Artículo por Salvador Borrego E.
CLAVE PARA DIFERENCIAR LA “GUERRA SUCIA” DE “GUERRA LIMPIA”
La Nueva Fiscalía Busca Sólo a los Culpables de la “Sucia”.
Con inusitado despliegue de publicidad se ha venido anunciando la creación de una Fiscalía especial para investigar la “guerra sucia” y castigar a los culpables. El primer brote de dicha “guerra” se ubica en 1965, y su máxima intensidad (según se dice) ocurrió en las décadas de los años 70s. y 80s. Como el gran público ha olvidado los hechos, conviene relatarlos sucintamente. Por lo menos, algunos de los más sobresalientes:
1. La madrugada del 23 de septiembre de 1965 una guerrilla (encabezada por Arturo Gámiz García) abrió intempestivamente fuego sobre la guarnición militar de Ciudad Madera, Chih., y mató a seis soldados y a un subteniente. Se trataba de “guerra limpia”... En seguida los soldados contestaron el fuego y mataron a 8 de los guerrilleros. Esto ya fue “guerra sucia”.
2. A raíz de eso se creó la Brigada Roja de la Liga 23 de Septiembre, que sorpresivamente mató a 4 soldados que escoltaban el tren de Buenavista a Honey. Eso fue “guerra limpia”. Uno de los guerrilleros, José Luis Moreno, fue posteriormente detenido, llevado al Campo Militar Número Uno y consignado a un juez de la prisión de Lecumberri, donde estuvo preso cuatro años, hasta que el intelectual comunista Heberto Castillo logró su libertad. Esos 4 años de prisión fue “guerra sucia”.
3. Otra guerrilla famosa fue la de Lucio Cabañas, en el Estado de Guerrero. Uno de sus triunfos consistió en matar a 45 soldados y policías a los que les tendió una hábil emboscada. Eso fue “guerra limpia”. Pero más tarde el Ejército le dio muerte a Cabañas. Esto ya era “guerra sucia”.
4. El 17 de septiembre de 1973 fue asesinado en Monterrey el industrial don Eugenio Garza Sada por un ‘comando’ de la “Liga 23 de septiembre”. Días después fue secuestrado, torturado y asesinado el industrial jalisciense Fernando Aranguren (íntimo amigo de don Eugenio). Esto fue “guerra limpia”, limpísima. Dos de los culpables del primer asesinato estuvieron presos ocho años. Esto ya fue “guerra sucia”.
5. Una rama de la “23 de Septiembre” se formó en Monterrey bajo el nombre de “Fuerzas Armadas de Liberación Nacional”, que luego contribuyó a formar la guerrilla de Marcos, denominada EZLN. La madrugada del primero de enero de 1994 el EZLN hizo su aparición en público matando a cien policías, empleados municipales y soldados. Naturalmente eso fue “guerra limpia”. Tan limpia que luego el EZLN pudo desfilar en el D.F. y ser invitado a Los Pinos, aunque se dio el lujo de no contestar la invitación.
6. El asesinato del senador Ruiz Massieu y la desaparición de su amigo (el diputado Rocha) debe haber sido “guerra limpia”, pues ya no figura en las investigaciones actuales.
7. Otro caso parecido fueron los asesinatos de Polo Uzcanga, del cardenal Posadas, de Colosio y de otros más, que tampoco aparecen ahora en la lista de muertos por “guerra sucia”.
8. ¿Y qué decir de los más recientes asesinatos de Digna Ochoa, de dos magistrados sinaloenses y de la regidora María de los Angles Tamés de Atizapán?... Aún no se les clasifica ni en la “sucia” ni en la “limpia”.
9. A ningún organismo de Derechos Humanos se le ha ocurrido hurgar acerca de los cientos de cristeros (más de mil) asesinados después de que se rindieron y de que el Gobierno les había dado amplia amnistía. Ese capítulo quedó rápidamente cancelado como “guerra limpia”.
10. Un caso mundialmente famoso de “guerra limpia” (luego “ensuciada”), fue el del Che Guevara Lynch, nacido en Argentina, que emigró a Cuba y actuó como brazo derecho de Fidel Castro Ruz para fusilar cubanos. Luego comandó una brigada que viajó a Angola a ejecutar a negritos que repudiaban al comunismo. Al regreso, victorioso, organizó una expedición para hacer que Bolivia se convirtiera al marxismo-leninismo y fuera otra Cuba. Hasta ahí todo se hallaba dentro de la “guerra limpia”, inmaculada, pero luego resultó que el Ejército boliviano combatió y mató al Che. Y esto figura ya como “guerra sucia” en extremo. Por eso al Che se le rinde pleitesía en todo el mundo. En la UNAM se le dedica la mejor aula para conmemorarlo.
Es de hacer notar que invariablemente los guerrilleros comunistas son protegidos por intelectuales “de izquierda”, como Víctor Rico Galán (español), los ingenieros Marcué Pardiñas y Heberto Castillo, el poeta Renato Leduc y otros admiradores de Marx, Stalin o Castro Ruz.
También es notable que el único que se encuentra en el banquillo de los acusados, frente a la nueva Fiscalía creada por el presidente Fox, es el Ejército. El expresidente López Portillo dijo el 2 de diciembre que el Ejército no tendrá más remedio que “contener su ira y no hará nada ilegal... Naturalmente yo no estaba enterado de todo cuanto ocurría.” Cabe mencionar que el Ejército actúa bajo las órdenes del presidente de la República, que es su “jefe nato”, por lo cual los presidentes se han otorgado cinco estrellas, como símbolo de su jerarquía militar, muy por encima de las cuatro estrellas del Secretario de la Defensa y de las tres de los generales de división. Sin embargo, ningún expresidente ha sido mencionado como presunto culpable.
El Secretario de Gobernación dijo que la nueva Fiscalía dispondrá de veinte agentes del ministerio público y que “no habrá perdón ni olvido ni impunidad para nadie.”
Por su parte, el presidente Fox declaró: “La Fiscalía especial estará encabezada por personajes probos que revisarán los documentos de las desapariciones de jóvenes y luchadores sociales.” Hay que reconocer que tales “luchadores sociales” son muy hábiles para hacer reclamaciones persistentes y recordar a los suyos. En Chihuahua han logrado que las autoridades les pongan el nombre de “23 de septiembre” a calles y colonias de diversas ciudades. Y cada año hacen ceremonias en el lugar de Ciudad Madera donde se dio la primera “guerra limpia”, luego fue contestada por el Ejército con la también primera “guerra sucia.”

sábado, 3 de enero de 2009

Artículo No. 6 Santa Juana de Arco.

Santa Juana de Arco nació en día de la Epifanía de 1412, en Domrémy, pequeño pueblecito de Champagne, a orillas de la Mosa, Francia. Su padre, Jacobo d’Arc, era un hacendado de cierta importancia, hombre bueno, frugal y un tanto huraño. La madre de Santa Juana, que amaba tiernamente a sus cinco hijos, educó a sus dos hijas en los quehaceres domésticos. Santa Juana declaró más tarde: "Sé cocer e hilar como cualquier mujer". Pero nunca aprendió a leer ni a escribir. Los vecinos de la familia, en el proceso de rehabilitación de la santa, dejaron testimonios conmovedores de la piedad y ejemplar conducta de la joven. Tanto los sacerdotes que la conocieron como sus compañeros de juegos, atestiguaron que le gustaba ir a orar a la Iglesia, que recibía con frecuencia los sacramentos, que se ocupaba de los enfermos y era particularmente bondadosa con los peregrinos, a los que más de una vez, cedió su lecho. Según uno de los testigos "era tan buena, que todo el pueblo la quería." Por lo que parece Santa Juana tuvo una infancia feliz, aunque un tanto turbada por los desastres que asolaban el país y por el constante peligro de un ataque armado sobre la población de Domrémy, situada en la frontera de Lorena. Antes de emprender su gran empresa, Santa Juana tuvo que huir, por lo menos una vez, con sus padres, a la población de Neufchatel, a trece kilómetros de distancia, para escapar de las manos de los piratas borgoñones que saquearon Domrémy.

Santa Juana era todavía muy niña cuando Enrique V de Inglaterra invadió Francia, asoló Normandía y reclamó la corona de Carlos VI. Francia se hallaba en aquel momento dividida por la guerra civil entre los partidarios del duque de Borgoña y el duque de Orleáns, de suerte que no había podido organizar rápidamente la resistencia. Por otra parte, después de que el duque de Borgoña fue traidoramente asesinado por los hombres del delfín, los borgoñeses se aliaron con los ingleses, que apoyaban su causa. La muerte de los monarcas rivales, ocurrida en 1422, no mejoró la situación de Francia. El duque de Bedford, regente del monarca inglés, prosiguió vigorosamente la campaña y las ciudades cayeron, una tras otra, en manos de los aliados. entre tanto, Carlos VII, o el delfín, como se insistía en llamarle, consideraba la situación perdida sin remedio y se entregaba a frívolos pasatiempos en su corte.

A los catorce años de edad, Santa Juana tuvo la primera de las experiencias místicas que habían de conducirla por el camino del patriotismo hasta la muerte en la hoguera. Primero oyó una voz, parecía hablarle de cerca, y vio un resplandor; más tarde, las voces se multiplicaron y la joven empezó a ver a sus interlocutores, que eran , entre otros, San Miguel Arcángel, Santa Catalina y Santa Margarita. Poco a poco, le explicaron la abrumadora misión a que el cielo la tenía destinada: ¡Ella, una simple campesina debía salvar a Francia! Para no despertar la cólera de su padre, Santa Juana mantuvo silencio. Pero, en mayo de 1428, las voces se hicieron imperiosas y explícitas: la joven debía presentarse ante Roberto de Baudricourt, comandante de las fuerzas reales, en la cercana población de Vaucouleurs. Santa Juana consiguió que un tío suyo que vivía en Vaucouleurs, la llevase consigo. Pero Baudricourt se burló de sus palabras y despidió a la doncella, diciéndole que lo que necesitaba era que su padre le diese unas buenas nalgadas.

En aquel momento, la posición militar del rey era desesperada, pues los ingleses atacaban Orleáns, el último reducto de la resistencia. Santa Juana volvió a Domrémy, pero las voces no le dieron descanso. Cuando la joven respondió que era una campesina que no sabía ni montar a caballo, ni hacer la guerra, las voces le replicaron: "Dios te lo manda." Incapaz de resistir a este llamamiento, Santa Juana huyó de su casa y se dirigió nuevamente a Vaucouleurs. El escepticismo de Baudricourt desapareció cuando recibió la noticia oficial de una derrota que Santa Juana había predicho; así pues, no sólo consintió en mandarla a ver al rey, sino que le dio una escolta de tres soldados. Santa Juana pidió que le permitieran vestirse de hombre para proteger su virtud.

Los viajeros llegaron a Chinon, donde se hallaba en monarca, el 6 de marzo de 1429; pero Santa Juana no consiguió verle sino hasta dos días después. Carlos se había disfrazado para desconcertar a Santa Juana; pero la doncella le reconoció al punto por una señal secreta que le comunicaron las voces y que ella transmitió sólo al rey. ello bastó para persuadir a Carlos VII del carácter sobrenatural de la misión de la doncella. Santa Juana le pidió un regimiento para ir a salvar Orleáns. El favorito del rey, la Trémouille, y la mayor parte de la corte, que consideraban a Santa Juana como una visionaria o una impostora, se opusieron a su petición. Para zanjar la cuestión, el rey decidió enviar a Santa Juana a Poitiers a que la examinara una comisión de sabios teólogos.

Al cabo de un interrogatorio que duró tres semanas por lo menos, la comisión declaró que no encontraba nada que reprochar a la joven y aconsejó que el rey se valiese, prudentemente, de sus servicios. Santa Juana volvió entonces a Chinon, donde se iniciaron los preparativos para la expedición que ella debía encabezar. El estandarte que se confeccionó especialmente para ella, tenía bordados los nombres de Jesús y de María y una imagen del Padre Eterno, a quien dos ángeles le presentaban. de rodilla, una flor de lis. La expedición partió de Blois, el 27 de abril. Santa Juana iba al a cabeza, revestida con una armadura blanca.

A pesar de algunos contratiempos, el ejército consiguió entrar en Orleáns, el 29 de abril y su presencia obró maravillas. Para el 8 de mayo, ya habían caído los fuertes ingleses que rodeaban la ciudad y, al mismo tiempo, se levantó el sitio. Santa Juana recibió una herida de flecha bajo el hombro. Antes de la campaña, había profetizado todos estos acontecimientos, con las fechas aproximadas. La doncella hubiese querido continuar la guerra, pues las voces le habían asegurado que no viviría mucho tiempo. Pero La Trémouille y el arzobispo de Reims, que consideraban la liberación de Orleáns como obra de la buena suerte, se inclinaban a negociar con los ingleses. Sin embargo, se permitió a Santa Juana emprender una campaña en el Loira con el duque de Alencon. La campaña fue muy breve y dio el triunfo aplastante sobre las tropas de Sir John Fastolf, en Patay. Santa Juana trató de coronar inmediatamente al delfín. El camino a Reims estaba prácticamente conquistado y el último obstáculo desapareció con la inesperada capitulación de Troyes.

Los nobles franceses opusieron cierta resistencia; sin embargo, acabaron por seguir a la santa a Reims, donde, el 17 de julio de 1429, Carlos VII fue solemnemente coronado. Durante la ceremonia, Santa Juana permaneció de pie con su estandarte, junto al rey. Con la coronación de Carlos VII terminó la misión que las voces habían confiado a la santa y también su carrera de triunfos militares.

Santa Juana se lanzó audazmente al ataque de París, pero la empresa fracasó por la falta de los refuerzos que el rey había prometido enviar y por la ausencia del monarca. La santa recibió una herida en el muslo durante la batalla y, el duque de Alencon tuvo que retirarla casi a rastras. La tregua de invierno que siguió, la pasó Santa Juana en la corte, donde los nobles la miraban con mal disimulado recelo. Cuando recomenzaron las hostilidades, Santa Juana acudió a socorrer la plaza de Compiegne, que resistía a los borgoñones. El 23 de mayo de 1430, entró en la ciudad y ese mismo día organizó un ataque que no tuvo éxito. A causa del pánico, o debido a un error de cálculo del gobernador de la plaza, se levantó demasiado pronto el puente levadizo, y Santa Juana, con algunos de sus hombres, quedaron en el foso a merced del enemigo. Los borgoñeses derribaron del caballo a la doncella entre una furiosa gritería y la llevaron al campamento de Juan de Luxemburgo, pues uno de sus soldados la había hecho prisionera. Desde entonces hasta bien entrado el otoño, la joven estuvo presa en manos del duque de Borgoña. Ni el rey ni los compañeros de la santa hicieron el menor esfuerzo por rescatarla, sino que la abandonaron a su suerte. Pero, si los franceses la olvidaban, los ingleses en cambio se interesaban por ella y la compraron, el 21 de noviembre, por una suma equivalente a 23,000 libras esterlinas, actualmente. Una vez en manos de los ingleses, Santa Juana estaba perdida. Estos no podían condenarla a muerte por haberles derrotado, pero la acusaron de hechicería y de herejía. Como la brujería estaba entonces a la orden del día, la acusación no era extravagante. Además, es cierto que los ingleses y los borgoñeses habían atribuido sus derrotas a conjuros mágicos de la santa doncella.

Los ingleses la condujeron, dos días antes de Navidad, al castillo de Rouen. Según se dice sin suficiente fundamento, la encerraron, primero, en una jaula de acero, porque había intentado huir dos veces; después la trasladaron a una celda, donde la encadenaron a un poyo de piedra y la vigilaban día y noche. El 21 de febrero de 1431, la santa compareció por primera vez ante un tribunal presidido por Pedro Cauchon, obispo de Beauvais, un hombre sin escrúpulos, que esperaba conseguir la sede arquiepiscopal de Rouen con la ayuda de los ingleses. El tribunal, cuidadosamente elegido por Cauchon, estaba compuesto de magistrados, doctores, clérigos y empleados ordinarios. En seis sesiones públicas y nueve sesiones privadas, el tribunal interrogó a la doncella acerca de sus visones y "voces", de sus vestidos de hombre, de su fe y de sus disposiciones para someterse a la Iglesia. Sola y sin defensa, la santa hizo frente a sus jueces valerosamente y muchas veces los confundió con sus hábiles respuestas y su memoria exactísima. Una vez terminadas las sesiones, se presentó a los jueces y a la Universidad de Paría un resumen burdo e injusto de las declaraciones de la joven. En base a ello, los jueces determinaron que las revelaciones habían sido diabólicas y la Universidad la acusó en términos violentos.

En la deliberación final el tribunal declaró que, si no se retractaba, debía ser entregada como hereje al brazo secular. La santa se negó a retractarse a pesar de las amenazas de tortura. Pero, cuando se vio frente a una gran multitud en el cementerio de Saint-Ouen, perdió valor e hizo una vaga retractación. Digamos, sin embargo, que no se conservan los términos de si retractación y que se ha discutido mucho sobre el hecho. La joven fue conducida nuevamente a la prisión, pero ese respiro no duró mucho tiempo. Ya fuese por voluntad propia, ya por artimañas de los que deseaban su muerte, lo cierto es que Santa Juana volvió a vestirse de hombre, contra la promesa que le habían arrancado sus enemigos. Cuando Cauchon y sus hombres fueron a interrogarla en su celda sobre lo que ellos consideraban como una infidelidad, Santa Juana, que había recobrado todo su valor, declaró nuevamente que Dios la había enviado y que las voces procedían de Dios.

Según se dice, al salir del castillo, Cauchon dijo al Conde de Warwick: "Tened buen ánimo, que pronto acabaremos con ella". El martes 29 de mayo de 1431, los jueces, después de oír el informe de Cauchon, resolvieron entregar a la santa al brazo secular como hereje renegada. Al día siguiente, a las ocho de la mañana, Santa Juana fue conducida a la plaza del mercado de Rouen para ser quemada en vida. Cuando los verdugos encendieron la hoguera, Santa Juana pidió a un fraile dominico que mantuviese una cruz a la altura de sus ojos. Murió rezando. Invocaba al Arcángel San Miguel, al cual siempre le había tenido gran devoción e invocando el nombre de Jesús tres veces, entregó su espíritu al Señor.

La santa no había cumplido todavía los veinte años. Sus cenizas fueron arrojadas al río Sena. Más de uno de los espectadores debió haber hecho eco al comentario amargo de Juan Tressart, uno de los secretarios del rey Enrique "¡Estamos perdidos! ¡Hemos quemado a una santa!"

Veintitrés años después de la muerte de Santa Juana, su madre y dos de sus hermanos pidieron que se examinase nuevamente el caso, y el Papa Calixto III nombró a una comisión encargada de hacerlo. El 7 de julio de 1456, el veredicto de la comisión rehabilitó plenamente a la santa. Más de cuatro siglos y medio después, el 16 de mayo de 1920, Juana de Arco fue solemnemente canonizada por el Papa Benedicto XV.

Santa Juana de Arco, ¡ruega por nosotros!

Artículo No.5 Oración a San Miguel Arcangel

En Octubre 13, 1884, el Papa León XIII, experimento una visión horrible. Después de celebrar la Eucaristía, estaba consultando sobre ciertos temas con sus cardenales en la capilla privada del Vaticano cuando de pronto se detuvo al pie del altar y quedo sumido en una realidad que solo el veía. Su rostro tenia expresión de horror y de impacto. Se fue palideciendo. Algo muy duro había visto. De repente, se incorporo, levanto su mano como saludando y se fue a su estudio privado. Lo siguieron y le preguntaron: ¿Que le sucede su Santidad? ¿Se siente mal? El respondió: "¡Oh, que imágenes tan terribles se me han permitido ver y escuchar!", y se encerró en su oficina.

¿Qué vio León XIII? "Vi demonios y oí sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas. Oí la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios, diciendo que el podía destruir la Iglesia y llevar todo el mundo al infierno si se le daba suficiente tiempo y poder. Satanás pidió permiso a Dios de tener 100 años para poder influenciar al mundo como nunca antes había podido hacerlo." También León XIII pudo comprender que si el demonio no lograba cumplir su propósito en el tiempo permitido, sufriría una derrota humillante. Vio a San Miguel Arcángel aparecer y lanzar a Satanás con sus legiones en el abismo del infierno.
Después de media hora, llamo al Secretario para la Congregación de Ritos. Le entrego una hoja de papel y le ordeno que la enviara a todos los obispos del mundo indicando que bajo mandato tenia que ser recitada después de cada misa, la oración que ahí el había escrito.
Oración:
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén."
Dedico este blog a San Miguel Arcangel y a Santa Juana de Arco (a quien dedicaré mi próxima entrada). Ambos guerreros del Ejército Celestial que acompañaran a Jesucristo Nuestro Señor, en su triunfal regreso a la Tierra.